Misa Crismal

La Misa Crismal es una celebración especial y única en el año litúrgico. Tiene muchas particularidades.

Tradicionalmente es celebrada en el Jueves Santo de cada año, y la ceremonia la debe presidir el obispo titular de la diócesis, y en la que debe participar el mayor número de sacerdotes del presbiterio diocesano. En ella, se consagra el Santo Crisma y se bendicen los Santos Óleos.

En nuestra Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, se viene celebrando desde hace muchos años en la mañana del Lunes Santo.

Este lunes 11 de abril, a las once de la mañana y en la Concatedral de Santa María de La Redonda de Logroño, se celebrará dicha Misa Crismal, signo sacramental de la comunión de todo el Pueblo de Dios, de su dignidad sacerdotal, profética y real. En ella se consagrará el Santo Crisma y se bendecirán los óleos, signos de misericordia, de fortaleza, de júbilo, de belleza, de amor y de paz.

Santos Montoya Torres, nuestro Obispo Diocesano presidirá por primera vez esta ceremonia y todos nuestros sacerdotes como cada año, renovarán su compromiso sacerdotal.

 

 

 

La conveniencia de celebrarla el Jueves Santo

Tradicionalmente, cada diócesis celebraba su Misa Crismal durante la mañana del Jueves Santo. Pero en la actualidad, por razones de conveniencia pastoral, puede ubicarse en cualquier día de la Semana Santa previo al Jueves Santo, a decisión del obispo diocesano.

La razón de celebrar esta ceremonia en Jueves Santo está motivada por la necesidad de tener a disposición el Santo Crisma y los otros aceites de cara a los bautizos y confirmaciones que se vayan a celebrar durante la Vigilia Pascual.

Hay que tener en cuenta que no está permitido celebrar misa desde la tarde del Jueves Santo, en la que se celebra la Misa de la Cena del Señor (tiene su propia liturgia), hasta la noche del Sábado de Gloria, cuando se celebra la Vigilia Pascual. Esto hace que la mañana del Jueves Santo sea el momento más propicio para la celebración de la Misa Crismal. Sin embargo, las características especiales de esta celebración pueden obligar a que se celebre en otro momento de la Semana Santa, principalmente, para facilitar que acuda el mayor número posible de sacerdotes de toda la diócesis.

La Misa Crismal, fuente de unidad sacerdotal

La Misa Crismal es una celebración que como ya hemos indicado, debe presidirla el obispo titular de la diócesis. La consagración del Santo Crisma y la bendición de los otros dos aceites se considera una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del obispo. Además, es importante que en ella participen el mayor número posible de sacerdotes de la diócesis. Y es que uno de los ritos incluido en esta celebración a partir de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II es el de la renovación de las promesas sacerdotales.

Tras la homilía, en lugar de pronunciarse el Credo, el obispo invita a los sacerdotes presentes en la celebración a prometer solemnemente unirse más de cerca a Cristo, ser sus fieles ministros y conducir a otros a él, renovando su consagración a Cristo y dedicación a la Iglesia.

Otra manifestación del relieve que tiene este rito es que los textos de la celebración presentan un marcado carácter catequético sobre el sacerdocio. Tras esto, llega el momento de la consagración del Santo Crisma y la bendición de los Santos Óleos.

Santo Crisma y Santos Óleos, no son lo mismo

El Santo Crisma, proviene de la palabra latina “chrisma”, que significa “unción”, ¿y éste del griego χρίσμα. El Crisma es el aceite con el cual son ungidos los nuevos bautizados, son signados los que reciben la confirmación y son ordenados los obispos y sacerdotes. Aparte de en estos sacramentos, se emplea en la dedicación de las nuevas iglesias, la consagración de los nuevos altares o la consagración de campanas.

El Santo Crisma.

La palabra “crisma” es griega y denomina un ungüento aromático mezcla de aceite de oliva (que representa la fortaleza) y bálsamo oloroso (cuyo aroma representa el suave olor de la vida cristiana), por lo que, como dice San Pablo en su Segunda Carta a los Corintios, nos ayuda a “desprender el buen olor de Cristo”

Su etimología proviene de “chrio”, ungir, que ha dado origen al término “Cristos” que significa “El Ungido”. De ahí deriva la palabra Cristo, con la que designamos al Salvador.

La unción con el crisma representa la gracia del Espíritu Santo y la plena difusión de ella. Significa que los cristianos, injertados por el bautismo en el misterio pascual de Cristo, han muerto, han sido sepultados y resucitados con él, participando de su sacerdocio real y profético, y recibiendo por la confirmación la unción espiritual del Espíritu Santo, que se les da.

Con este crisma, son ungidos los nuevos bautizados en la coronilla tras el baño del agua. También son signados en la frente los que reciben la confirmación para significar la donación del Espíritu. En la ordenación de presbíteros y obispos se ungen las manos de los presbíteros y la cabeza de los obispos. También con el crisma, se ungen las paredes y los altares en el rito de la consagración de iglesias.

El Santo Crisma destaca de los Santos Oleos, por la brillantez que, los perfumes le dan al ungüento. A diferencia de los Santos Óleos, el Santo Crisma no se bendice, si no que se consagra, por lo que lleva el sello del don del Espíritu Santo.

Los Santos Óleos

Son dos: el de los catecúmenos y el de los enfermos.

El Oleo de los Catecúmenos, que significa purificación y fortaleza, es usado para ungir a los que están preparándose para el Bautismo, por la liberación del pecado. Este óleo extiende el efecto de los exorcismos, para que los bautizándose reciban la fuerza para renunciar al diablo y al pecado, antes de que se acerquen y renazcan de la fuente de la vida, de manera que el ungido, el que se prepara para entrar en el mundo de Cristo, pueda vencer la lucha contra el mal.

El Oleo de los Enfermos, comúnmente se abrevia: O.I. (Oleum Infirmorum) usado en el Sacramento de la unción de los enfermos. Éstos, son aliviados con la fuerza de dar sanación en sus enfermedades. El óleo de los enfermos remedia las dolencias de alma y cuerpo de los enfermos, para que puedan soportar y vencer con fortaleza el mal, y conseguir el perdón de los pecados. No sólo está indicado para los moribundos: también es aconsejable ungir a los enfermos graves o ancianos ya muy deteriorados en su salud. Lo anterior implica que puede recibirse más de una vez, si hay mejoría y posterior agravamiento.

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