«Sígueme. Él se levantó y lo siguió»

EL EVANGELIO DE HOY, LLEVA SU PROPIO NOMBRE Y NOS REFIERE LA ESCENA DE SU VOCACIÓN.

Lectura del Santo Evangelio Según San Mateo 9, 9-13

En aquel tiempo, cuando Jesús salió de allí y al pasar cerca, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Él se levantó y lo siguió.

Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos.

Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: “¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?”.

Jesús lo oyó y dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.

Andad, aprended, lo que significa: “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores”.

Palabra del Señor.

SAN MATEO APOSTOL Y EVANGELISTA

Las fiestas de septiembre en Logroño, conocidas popularmente como “ San Mateos”, suelen tener lugar en la semana natural que engloba el día 21 de septiembre, día que el santoral dedica a éste apóstol. A pesar de la creencia popular, no son estas las fiestas patronales de la ciudad, las cuales se celebran el 11 de junio, festividad de San Bernabé, patrón de la ciudad.

Sus orígenes se remontan al siglo XII. La ciudad de Logroño, al obtener la categoría de villa, tenía derecho a la celebración de una feria anual, acto que la convirtió en una sede importante de comercio. Esta feria fue adquiriendo cada vez mayor relevancia, y el carácter lúdico-festivo fue apoderándose de la misma. Se celebraban originalmente en el día de Acción de gracias, y en ellas los riojanos agradecían la cosecha recogida.

El rey Fernando VII en 1818, y posteriormente la reina Isabel II en 1845, refrendaron la celebración de estas ferias. Un Real Decreto de esta reina concedió permiso para que las ferias, que originalmente como decimos, se celebraban a primeros de septiembre, se trasladaran a las fechas del 16 al 23 de septiembre.

Finalmente la fecha se fijó en el 21 de septiembre, festividad de San Mateo, que fue recaudador de impuestos, y que acabó convirtiéndose en patrón de los mercaderes.

En el año 1956 pasaron a denominarse Fiestas de la Vendimia, dada la proximidad a las fechas de recogida de la uva en una tierra marcada por el vino, producto que tanto renombre y popularidad da a toda esta región y ciudad.

Estas fiestas han sido desde hace unos años, declaradas de interés turístico nacional.

El día 21 de septiembre, día central de dichas fiestas, festividad de San Mateo, se desarrolla un acto tradicional en el Paseo del Espolón: cestos de racimos de uva de todas las comarcas riojanas son traídos por parejas de niños vestidos con los trajes típicos comarcales y se vierten a una tina donde serán pisados según la manera tradicional: dos hombres vestidos con el traje regional, la familia Urdiales, descalzos y uniendo sus brazos van dando vueltas dentro de la tina, en una especie de baile ancestral, donde se han depositado los racimos de uva.

Pisado Uva

El mosto extraído en este rito del “pisado de la uva”, es decir el Primer Mosto de la Vendimia, es recogido en un jarro por los vendimiadores Mayores de la Fiesta y a continuación, es ofrecido a la Virgen de Valvanera, patrona de La Rioja.

Aunque desde algunos días antes ya se respira el ambiente festivo, es el cohete de anuncio e inicio de fiestas que se dispara desde las balconadas del Ayuntamiento, el que marca el punto de partida de la fiesta que desborda las calles y se transmite entre logroñeses y visitantes, con el aire impregnado por el aroma del vino que lo anima y lo contagia todo y acompañado por los más deliciosos platos de la cocina riojana y el rico zurracapote.

 

Durante esta semana de fiesta, se celebra en Logroño el desfile de carrozas, degustaciones gastronómicas organizadas por las “peñas”; feria taurina, encierros, feria de pelota de San Mateo en el frontón Adarraga, conciertos, teatro, música en la calle, fuegos artificiales en el Ebro y un montón de otros actos singulares …

¿Pero sabemos realmente quien fue San Mateo, apóstol y evangelista ?

MATEO SIGNIFICA “DON DE YAHVE” DON DE DIOS”.

No sabemos de donde era, quizá fuera de Cafarnaún. Ahí trabaja y ahí lo llama el Señor. En los Evangelios se le llama Leví el de Alfeo o Mateo.

Entre los seguidores de Jesús, varios eran pescadores; algunos otros, se habían dedicado también a las tareas agrícolas. Y habría entre ellos miembros de otras profesiones artesanas Pero lo que resulta sorprendente es que entre los llamados nos encontremos con un “publicano” o cobrador de impuestos.

Había cobradores de impuestos que alquilaban la recaudación para enviar los dineros a las arcas imperiales. Había otros recaudadores que cobraban derechos de portazgo entre un reino y otro, entre una tetrarquía u otra.: Galilea, Idumea, Traconítide, etc.

Cafarnaúm debía de contar con varias oficinas en las que se cobraban diversos tipos de impuestos. A una de estas oficinas se acercó un día Jesús para llamar personalmente a Mateo.

-El evangelio que lleva su nombre nos refiere la escena de su vocación: Mt. 9,9-13
“Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: “Sígueme. Él se levantó y lo siguió.

Nos centramos en cuatro momentos de la vocación de Mateo: la llamada, el banquete y la enseñanza de Jesús, que parece culminar los dos momentos anteriores.

“SIGUEME”

El relato evangélico es parco en palabras. Nos refiere solamente que Jesús se acerco al lugar donde estaba Mateo y le dirigió una escueta invitación: “Sígueme”. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo : “Sígueme”, que quiere decir “Imítame”.

“Sígueme”. Más que una invitación parece una orden terminante y decidida. En ninguna parte se nos dice si Jesús conocía previamente al cobrador de tributos. Pero sí se nos dice que él aceptó inmediatamente la invitación del Maestro: “Él se levantó y lo siguió”. Es la imagen contrapuesta a la del joven rico.

En realidad, los discípulos no siguen una filosofía, sino a una persona. No se enamoran de una idea, siguen a un profeta, que fascina, que seduce.

EL BANQUETE

“Y estando en la casa, sentado a la mesa, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaban con Jesús y sus discípulos”.

La Escritura recuerda la antigua peripecia de Eliseo, que llamado por el profeta Elías, organiza un banquete para celebrar con los suyos aquel cambio radical de su vida. También aquí y de forma semejante, Mateo convoca a sus compañeros para celebrar este cambio sustancial que acaba de acontecer en su vida.

En el banquete participan Jesús y sus primeros discípulos, pero también Mateo y sus compañeros de profesión. La invitación que Mateo dirige a sus compañeros es un anticipo de su futura tarea misionera y evangelizadora.

COMIDA DE PECADORES. EL ESCANDALO FARISAICO

.-Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: “¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?”.

Pero aquel banquete es observado con asombro por otros espectadores: algunos escribas y fariseos. Los fariseos se escandalizan de que Jesús comparta la mesa con los pecadores.

Jesús escandaliza a los santos de la ley. El que se escandaliza por el gesto de un profeta es un cínico. Jesús es un profeta que escandaliza a los que en realidad no creen en la bondad y en la misericordia de Dios.

La cena que se celebra en casa de Mateo o Leví, es una especie de parábola en acción. Un acto profético en el que Jesús desvela el corazón misericordioso de Dios y el carácter de su propia misión como Profeta y como Mesías.

LA ENSEÑANZA

El relato de la vocación de Mateo termina con una conclusión.
Jesús lo oyó y dijo: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos”.
Andad, aprended, lo que significa: “Misericordia quiero y no sacrificio”: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores”.

El Maestro aprovecha la ocasión para hacer una revelación importante sobre su propia misión: Él no ha venido a curar a lo sanos, sino a los enfermos. No ha venido a buscar a los hallados (encantados de conocerse a sí mismos), sino a los perdidos. No ha venido a salvar a los justos, sino a los pecadores.

Mateo se convierte así, de nuevo, en todo un símbolo. El es el pecador público que resulta aceptable a Dios. Mateo es el hombre al que Cristo busca en medio de la multitud para convertirlo en modelo de su misión.

LA ACTIVIDAD APOSTOLICA  DE SAN MATEO

De la vida apostólica de San Mateo tenemos muy pocos datos ciertos. De entre la variedad de tradiciones y leyendas, las que cuentan con mayor apoyo tradicional, es que:

Después de unos años de apostolado y catequesis en Palestina (15 años dice Eusebio de Cesarea), San Mateo se trasladó a Etiopía de Egipto, donde confirmaba su predicación con multitud de milagros, entre los cuales sobresalió la resurrección de una hija de Egipo, rey de Etiopía. Movido el rey y su familia por este portento, abrazaron la religión cristiana, que se extendió rápidamente por todo el reino.

Después de la muerte del rey, su sucesor Hirtaco pretendió casarse con Epigenia, hija de su predecesor en el reino. Mas, habiendo ésta consagrado a Dios su virginidad por consejo de San Mateo, airado Hirtaco al no conseguir que el apóstol la persuadiera a acceder a sus deseos, ordenó dar muerte a San Mateo mientras celebraba el santo sacrificio, uniendo así el apóstol el sacrificio de su vida al de Cristo crucificado.

Las reliquias del santo apóstol fueron trasladadas a Salerno (Italia), donde se veneran con gran devoción.

Mateo es citado en los Evangelios como Leví, hijo de Alfeo, publicano y recaudador de impuestos en Cafarnaún (Mateo 9:9, Marcos 2:14 y Lucas 5:27-29. Existen pequeñas diferencias en el tratamiento que dan a San Mateo los distintos Evangelios.

En el evangelio de San Lucas se le llama Leví. En el de San Marcos, se le da el nombre de Mateo en la lista de los apóstoles, pero es llamado Leví cuando se relata la historia de su vocación. Según los tres sinópticos, lo dejó todo al ser llamado por Jesús. Ese mismo día hizo una gran fiesta a la que asistieron Jesús y sus discípulos.

También es mencionado en los Hechos de los Apóstoles, aunque apenas se ofrece información sobre él  (Hechos 1:13). Igualmente, es uno de los pocos discípulos mencionados por su nombre en el evangelio de Santo Tomás.

Mateo aceptó sin más la invitación de Jesús y renunciando a su empleo tan productivo, se fue con El, no ya a ganar dinero, sino almas. No ya a conseguir altos empleos en la tierra, sino un puesto de primera clase en el cielo. San Jerónimo dice que la llamada de Jesús a Mateo es una lección para que todos los pecadores del mundo sepan que, sea cual fuere la vida que han llevado hasta el momento, en cualquier día y en cualquier hora pueden dedicarse a servir a Cristo, y El los acepta con gusto.

Mateo dispuso despedirse de su vida de empleado público dando un gran almuerzo a todos sus amigos, y el invitado de honor era nada menos que Jesús. Y con Él, sus apóstoles. Y como allí se reunió la flor y nata de los pecadores y publicanos, los fariseos se escandalizaron horriblemente y llamaron a varios de los apóstoles para protestarles por semejante actuación de su jefe. «¿Cómo es que su maestro se atreve a comer con publicanos y pecadores?»

Jesús respondió a estas protestas de los fariseos con una noticia que a todos nos debe llenar de alegría: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están enfermos. Yo no he venido a buscar santos sino pecadores. Y a salvar lo que estaba perdido». Probablemente mientras decía estas bellas palabras estaba pensando en varios de nosotros.

Desde entonces Mateo va siempre al lado de Jesús. Presencia sus milagros, oye sus sabios sermones y le colabora predicando y catequizando por los pueblos y organizando las multitudes cuando siguen ansiosas de oír al gran profeta de Nazaret. Jesús lo nombra como uno de sus 12 preferidos, a los cuales llamó apóstoles (o enviados, o embajadores) y en Pentecostés recibe el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego. Los judíos le dieron 39 azotes por predicar que Jesús sí había resucitado (y lo mismo hicieron con los otros apóstoles) y cuando estalló la terrible persecución contra los cristianos en Jerusalén, Mateo se fue al extranjero a evangelizar.

En todo el mundo es conocido este santo, y lo será por siempre, a causa del maravilloso librito que él escribió: «El evangelio según San Mateo». Este corto escrito de sólo 28 capítulos y 50 páginas, ha sido la delicia de predicadores y catequistas durante 20 siglos en todos los continentes. San Mateo en su evangelio (palabra que significa: «Buenas Noticias») copia sermones muy famosos de Jesús, como por ej. El Sermón de la Montaña (el sermón más bello pronunciado en esta tierra), el sermón de las Parábolas, y el que les dijo a sus apóstoles cuando los iba mandar a su primera predicación. Narra milagros muy interesantes, y describe de manera impresionante la Pasión y Muerte de Jesús. Termina contando su resurrección gloriosa.

La tradición cristiana atribuye a San Mateo la autoría de su propio Evangelio y que lleva su nombre (kata Mathaion: ‘de Mateo’ o ‘según Mateo’). El primer autor conocido en establecer esta atribución fue Papías, quien, hacia los años 110 ó 120, en un texto citado por Eusebio de Cesarea, dice que «Mateo puso en orden los logia en dialecto hebreo e interpretó cada uno como pudo» (Historia eclesiástica, III, 39,16). De acuerdo con esta información, algunos antiguos autores cristianos consideraron a San Mateo autor de un primer evangelio, escrito en arameo, lengua vernácula de Palestina del Siglo I, cuya traducción al griego sería el texto ahora conocido como evangelio de San Mateo. San Ireneo de Lyon, Clemente de Alejandría. Eusebio de Cesarea, Orígenes y Jerónimo de Estridón se cuentan entre los que consideraron al apóstol Mateo autor de este evangelio.

El primitivo original semítico está perdido, aunque varios autores primitivos lo citan; pareció basarse en los dichos de Jesucristo y fue utilizado por San Mateo para su propia predicación. La Iglesia utilizó con carácter oficial canónico el nuevo texto griego, aparentemente traducido por el mismo Mateo. El Evangelio de Mateo, es el Evangelio eclesiástico por excelencia, no solo por ser el más utilizado por la tradición primitiva de la Iglesia, sino porque en su estructura y formulación encarna una preocupación eclesial apologética vivida en las primeras generaciones cristianas.

El fin del evangelio de San Mateo es probar que Jesucristo sí es el Mesías o Salvador anunciado por los profetas y por el Antiguo Testamento. Este evangelio fue escrito especialmente para los judíos que se convertían al cristianismo, y por eso fue redactado en el idioma de ellos, el arameo. Y cada vez más, los críticos descartan la teoría de que fue escrito después del Evangelio de San Marcos, ya que éste contiene muchos detalles que San Mateo no cita.

Quizás no haya en el mundo otro libro que haya convertido más pecadores y que haya entusiasmado a más personas por Jesucristo y su doctrina, que el evangelio según San Mateo. No dejemos de leerlo y meditarlo.

A cada uno de los 4 evangelistas se les representa por medio de uno de los 4 seres vivientes que, según el profeta, acompañan al Hijo del hombre (un león: el valor. El toro: la fuerza. El águila: los altos vuelos. Y el hombre: la inteligencia).

A San Marcos se le representa con un león.

A San Lucas con un toro (porque empieza su evangelio narrando el sacrifico de una res que estaban ofreciendo en el templo).

A San Juan por medio de un águila, porque este evangelio es el que más alto se ha elevado en sus pensamientos y escritos.

A San Mateo lo pintan teniendo al lado a un ángel en forma de hombre, porque su evangelio comienza haciendo la lista de los antepasados de Jesús como hombre, y narrando la aparición de un ángel a San José.

 

Según Eusebio de Cesarea, San Mateo predicó durante quince años en Judea, donde escribió su Evangelio hacia el año 80. Según Rufino, después se marchó a Etiopía.

Algunas tradiciones afirman que fue martirizado precisamente allí. En cambio, de acuerdo con Epifanio de Salamis obispo de Chipe, San Mateo murió en Hierápolis (Partia) y quien sufrió martirio en Etiopía habría sido San Matías, sustituto de Judas Iscariote en el grupo de los doce apóstoles.

San Mateo es considerado santo por todas las confesiones cristianas que admiten esta distinción. La Iglesia Católica celebra su fiesta el 21 de septiembre y la Ortodoxa, el 16 del mismo mes.

Que San Mateo, gran evangelizador, le pida a Jesús que nos conceda un gran entusiasmo por leer, meditar y practicar siempre su santo evangelio.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *